Octavio Paz, el contravertido pensador

CIUDAD DE MÉXICO, 31 de marzo, 2014

Además del ámbito literario, la presencia intelectual de Octavio Paz -de quien hoy, 31 de marzo, se celebra el centenario de su nacimiento- influyó de manera decisiva en distintos órdenes de la vida colectiva, como en la esfera política, donde sus reflexiones, siempre controversiales, significaron una guía de la agenda pública de las últimas décadas del siglo XX.

Así lo advierte el ensayista Armando González Torres, quien compiló las reflexiones políticas más representativas de Paz en el libro Itinerario crítico. Antología de textos políticos, que incluye obras de juventud, como su primer ensayo titulado “La ética del artista”, hasta algunos de sus últimos escritos que dedicó al Ejército Zapatista de Liberación Nacional.

El objetivo de presentar esta selección, dice González Torres, es tener un panorama integral del autor de El laberinto de la soledad, que trascienda la limitada visión que hasta la fecha se tiene de él, “de ese Paz anterior al 68, controvertido y controvertible, fecundo en crítica, pero también satanizado”, expresa en entrevista González Torres.

Itinerario crítico -editado por la Cámara de Senadores y la Dirección General de Publicaciones del CONACULTA- reúne 26 textos divididos en tres apartados: “Antes y después del laberinto: textos 1931-1967”, “El 68 y sus alrededores” y “Final y comienzo”: textos 1980-1994”.

“Ver los textos de Paz de juventud y de mediana madurez nos ayuda a tener una visión más amplia, de cuerpo entero, que permite apreciar la congruencia y la continuidad de su pensamiento”, afirma González Torres, quien reconoce en el Nobel de Literatura 1990 a un gran polemista que nunca dejó de ser crítico y, en consecuencia, incómodo para muchos grupos en el poder.

Continúa González Torres: “La compilación permite apreciar, de alguna manera, la profunda empatía e identificación que hay entre el joven rebelde que fue Octavio Paz y este octogenario que ya podía ser una institución cultural y que, sin embargo, sigue siendo alguien con opiniones profundamente controvertidas que no se resigna a emitir opiniones cómodas; sigue siendo un autor profundamente polémico que dice muchas verdades que no quieren ser escuchadas”.

Obligación moral

Si bien es cierto que, como detalla González Torres en la introducción, Paz estuvo lejos de convertirse en un especialista -nunca se afilió a un ningún partido ni ocupó cargos políticos relevantes-, también es cierto que fue un gran pensador y analista de lo que ocurría en México y en el extranjero. “Era un poeta que no pretendía escribir de política por competencia profesional, sino por obligación moral”, escribe Torres.

Y más adelante: “Paz fue, al mismo tiempo, un pensador, un analista y un polemista: un pensador que abrevaba en corrientes, como el romanticismo, el socialismo utópico y el humanismo liberal cuyas posturas tenían un alto sentido del ideal; un analista y hombre práctico, que trabajó durante décadas en el servicio exterior y que disponía de una gran capacidad para examinar coyunturas políticas, establecer analogías históricas y rutas estratégicas; y un polemista que intervenía de manera audaz y apasionada”.

Advierte González Torres que este profundo interés por el debate y la reflexión política le nació a Paz de manera muy temprana, en parte por la influencia de su abuelo Ireneo, periodista, diputado y escritor liberal, y en parte por los años convulsos que vivió su generación.

“La generación de Paz (a la que pertenecen sus amigos Efraín Huerta y José Revueltas) es la primera que crece en el ambiente de la Revolución mexicana y se enfrenta a coyunturas nacionales e internacionales decisivas. Las secuelas de la primera guerra mundial, el enfrentamiento ideológico entre capitalismo y socialismo, los conflictos nacionales en Europa y el preludio de la segunda guerra mundial constituyen un clima donde se desarrollan hondas vocaciones políticas, militancias heroicas y apostolados laicos.

“[…] En particular, la generación de Paz es marcada por la campaña presidencial de José Vasconcelos, las querellas en torno a la educación socialista, el enfrentamiento entre el presidente Cárdenas y el ex presidente Calles y el discurso izquierdista de este último”.

Explica González Torres que Paz fue entusiasta en sus militancias, pero también escéptico. Se emociona con la posibilidad de un cambio social, pero a la vez defiende su independencia y se ocupa de sus asuntos artísticos y literarios, que están muy alejados de ser un mero adoctrinamiento. “Desde muy joven, y aunque oscilante en los matices, Paz asume que un arte significativo y transformador requiere de un esfuerzo ético, pero sobre todo estético”.

Así transcurrían los intensos años de adolescencia de Paz- en la que “goza y sufre su soledad, discute, escribe, trasnocha, se enamora”-, que cambiarían drásticamente con la muerte de su padre en un accidente.

Fue entonces cuando abandonó la carrera de abogado, que estaba a nada de concluir, para viajar, en 1937, a Yucatán, donde trabaja en una escuela para obreros y campesinos. Ahí descubre por primera vez la miseria y las profundas desigualdades que padecían millones de mexicanos. Un momento decisivo que trastocó su pensamiento y su obra.

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